Los seres humanos formamos parte de un Campo Electromagnético Universal y cada una de nuestras estructuras biológicas tiene su propia y característica oscilación electromagnética. Las alteraciones en la sincronización armónica de tales vibraciones se deben a bloqueos que los procedimientos diagnósticos convencionales no pueden individualizar anticipadamente. Cada parte de nuestro cuerpo, incluso la más pequeña, emite un sonido (inaudible) distinto: la retina emite un “sonido” de 8,2 Hz, los huesos 1,8 Hz, etc.
Esto es lo que un equipo de biorresonancia puede “escuchar”. De manera muy sintética, se podría decir que entre la información primordial y la materialización perfecta se necesita una circulación libre y perfecta de la señal.
Lo que impide o altera tal trayecto se llama “ bloqueo”, “campo interferente”, “zona de alta entropía”, etc. Si este bloqueo es identificado, aislado y desmantelado, la energía reencontrará su camino natural.
Por lo tanto, el síntoma no es nuestro enemigo, es una campana de alarma a través de la cual nuestro cuerpo invita al consultante y a su médico a buscar más a fondo. Sin embargo, muchísimas veces el síntoma aún no está presente, pero sí existe la enfermedad latente.
La tecnología de los equipos de biorresonancia nos ofrece la posibilidad de hacer un diagnóstico precoz antes de que surja tanto el síntoma como la enfermedad. Y no sólo esto, ya que el mismo aparato es capaz de enviar señales de corrección, permitiéndonos actuar anticipadamente. Sería como una “cirugía sobre el Campo Electro-Magnético” que se puede ver simultáneamente en la pantalla de la computadora. (Mario Sergio Percow)
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